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¿Qué hago con mami? ®
Por: Noemí Aguiar RN, MSN, MPH
“Siempre quise tener una madre como dicen los libros o las revistas. Aquella madre cariñosa, comprensiva, emocionalmente balanceada y siempre con buenos consejos. Una madre ama de casa, que me sirviera el desayuno antes de ir a la escuela y a la que yo ayudara a doblar la ropa recién secada. Aquella que siempre tuviera palabras bonitas para mí y que fueran sus hijos lo más importante en su vida. Una madre paciente, tolerante y amorosa a la que todos amaran y todos se pelearan por estar con ella. Aquella con la cual hubiera deseado estar todos los días de mi vida.” Tal vez la tengo, tal vez no.
La madre ideal
Mucho se ha escrito sobre el concepto de la madre ideal. Todos tenemos una. Se le ha rendido tributo en muchos medios y de muchas maneras. En nuestra cultura latina es prácticamente un ser sobrenatural, glorificado y sagrado. Posiblemente en todas las culturas el ser llamado “mamá” es único y especial. Muchos la definen como “lo más grande en mi vida”, otros dicen “la vieja mía es lo máximo”, y en términos generales es culturalmente implícito que al referirte a la madre debes hacerlo con respeto y seriedad. El día de las madres es un día muy especial. Es indispensable que visites a la madre, no puedes faltar en esa ocasión. Es un día de importantes reuniones familiares y muchos regalos.
Cuando la madre necesita algo, no se discute suplir sus necesidades. Si enferma, hay que cuidarla, no hay dudas sobre eso. Si necesita dinero, hay que proveerle. Después de todo, es esa madrecita ideal que apenas hace ruido, que se sienta en un sillón a leer la biblia y que se encierra en su habitación a las 6 de la tarde. Se levanta por las mañanas bien temprano a orar, hace el desayuno para toda la familia o si no puede, porque está enferma, espera pacientemente porque uno de sus hijos o nietos la atienda. Confía en sus hijos plenamente sobre qué médico visitar, qué tratamiento seguir y toma sus medicamentos sin refunfuñar porque sabe que sus hijos no van a fallarle en tomar estas decisiones por ella. No protesta por nada, a todo le dice que sí. Si se queda en la casa de su hijo o hija casada es “invisible”, no comenta, no entra en las discusiones entre la pareja y no asume posiciones.
¿Qué pasa cuando la madre no es tan ideal?
En nuestra cultura latina es casi un pecado expresar en público que no estás contento o contenta con tu madre. Cállate la boca y mejor no digas nada, o si dices algo trata de adornarlo para que no se escuche tan mal. “Ay, mami, no digo que sea mala, pero, a veces, no sé, es que no puedo entenderla”, otros se desahogan diciendo lo que cargan en sus corazones y cuando terminan de hablar se sienten tan culpables que comienzan a justificar sus comentarios: “No me malinterpretes, no estoy diciendo que no amo a mi mamá, yo la adoro, es que……ay, no sé por qué te dije todo eso, debo tener mucho estrés.” A veces no se dice nada, sólo de pensar en la madre se llenan los ojos de lágrimas o se presentan gestos de tristeza, incomprensión o frustración. Existe una tendencia a pensar que las personas más pobres, menos cultas o menos educadas son las personas que pudieran tener diferencias con su madre. Nada menos cierto.
Cuando te toca cuidar a la madre, de ahora en adelante la llamaremos “mami”
Empeora el asunto si es a ti a quien la suerte escogió para cuidar a mami. ¿Dónde se fue todo el mundo? Mucho tiempo sin estar con mami y ahora de repente pasas más tiempo con ella que contigo, y te das cuenta que no la conoces bien. Aquí comienza una vida diferente para ti. Todo cambia, ya no eres dueña o dueño de tu tiempo, tu espacio o tu privacidad, ahora pertenecen a mami. Tu cartera está llena de tarjetas de médicos de todas las especialidades y tienes cajas llenas de reportes de laboratorios de mami. Pagas el agua, la luz, el teléfono de mami y todas las citas que haces son para ella, ya te olvidaste de ti. Duermes con el celular al lado de la cama, si es que tu mamá no vive contigo, en espera de su llamada a cualquier hora. ¿Los hermanos? Unos lejos, otros ocupados, otros no hablan, otros te entienden pero tienen mil problemas personales, o simplemente piensas que es tu deber aunque se te vaya hasta la última gota de energía en el asunto. “Tengo que hacerlo yo, no hay de otra.” “La Biblia dice que tengo que honrar a mi padre y a mi madre, para vivir más, no quiero que Dios me castigue.” “No es tan difícil, tengo todo bajo control.” Tal vez tienes el mejor sueldo, o la casa más cómoda o el marido o esposa más comprensivo-a. Tal vez estás soltero o soltera, ¿por qué no sacrificar la vida social?, piensan tus hermanos, después de todo “estás perdiendo tu tiempo, en vez de cuidar a mami” o eres hijo o hija único-a.
Tíos, tías, sobrinos, nietos, u otros familiares analizan, opinan pero no pueden ayudarte. Ellos lo harían pero, no pueden porque están enfermos, cuidando a los suyos, no tienen tiempo, no tienen comodidades, no guían, no “saben” como hacerlo o simplemente dicen que eso le toca “a los hijos”.
La iglesia está llena de personas con buenas intensiones pero con muy poca o ninguna disposición. Ya nadie se queda cuidando a los enfermos durante las noches, ni siquiera durante el día, y mucho menos gratis. Si existen personas con ese ministerio son bien, bien escasos. Cuando los recursos de la hija o el hijo que cuida a la madre son limitados, entonces se puede volver desesperante el cuidado de ella. Comienzas a faltar a tu trabajo, o guardas tus días de vacaciones para llevar a mami a las citas. Otros tal vez tengan que dejar de trabajar para quedarse cuidándola o atendiéndola por tiempo indefinido. Las ayudas gubernamentales pueden existir pero sus trámites son extensos, agobiantes, y apenas resuelven unas horas.
Cuando el asunto se vuelve más difícil
Imagínate todo lo que se ha dicho y a esto le añades que “mami” no es tan fácil. Naciste como muchos, con una madre dominante, “entrometida”, bocona, manipuladora, que no sigue instrucciones, que debe tener siempre la última palabra o tal vez sea poco cariñosa, “seca”, egocéntrica, “vaga”, sufrida, negativa, pesimista, que siempre tenga una opinión, racista o discriminante…..etc, etc, etc. Aún así te toca cuidarla. Ha enfermado, se quedó sin trabajo, ha enviudado o simplemente despertó en el tiempo y decidió buscarte para estar “más” tiempo contigo. Ahora mami está bajo tu cuidado, parece como si te hicieras cargo de tu hija menor, pero es tu mamá, y prácticamente no la conoces bien. Te fuiste a estudiar, te casaste o eres independiente y hace tiempo no ves a tu mamá, o tal vez sí la visitabas frecuentemente, la llamabas y la buscabas en ocasiones memorables pero, sabías que siempre volvías a tu santuario, a tu hogar, a tu mundo.
Comienzas a luchar contra lo que “quieres” hacer y lo que “debes” hacer. Tienes miedo, te aterra la idea de que las personas te juzguen por ser “un mal hijo o mala hija” si no haces lo que “debes” hacer. Te preocupa tener discusiones con tu mamá y dentro de ti sólo llegan los peores recuerdos de tu niñez. Vas donde tu mejor amiga o amigo y tratas de expresar con honestidad tus verdaderos sentimientos pero encuentras una pared de desaprobación subliminal del otro lado (ni hablar de tus familiares). Posiblemente no te digan nada, no saben qué decirte. Tal vez no te busquen más o no vuelvan a hablarte en buen tiempo. Algunos se desaparecen por pensar que en algún momento le pedirás ayuda. Parece como si estuvieras sola o solo en el mundo. Te levantas en la madrugada con un único pensamiento: ¿qué hago con mami? Te desvelas sumando y restando el presupuesto y comienzas a valorar el tiempo….tan escaso. Haces una lista mental de tus roles y te distribuyes en un plan para cumplir con todos: hijo o hija, esposo o esposa, madre o padre, profesional, estudiante, proveedor, jefe de familia, etc, etc, etc. Empiezas a prestarle atención a todas las historias y anécdotas de los demás en la misma situación. Todos parecen haberse adiestrado en la misma escuela: la escuela de los mártires, tristes y pesarosos, cansados y agobiados, con una ley de mordaza perpetua. “Hay que hacer lo que hay que hacer”, “Nací para servir, y qué mejor de esta manera”, “Este es mi ministerio”, “Mami me dio la vida, yo ahora le devuelvo con agradecimiento”. Dentro de tu persona corren sentimientos de frustración, tristeza, coraje, o disgusto, entre otros posibles. ¿Soy la única o el único que tengo una madre “difícil”?
No importa la religión, la cultura o el nivel socioeconómico, la mayoría de las personas atrapadas en el cuido de una madre “diferente”, “especial” o “difícil” no expresan abiertamente sus sentimientos de frustración, coraje o tristeza por miedo a ser condenados como las peores personas sobre la faz de la tierra.
No se trata de amar o no amar
¿Será que no amo a mami?, es la pregunta que aflora a tu mente después de un “brainstorming” eterno, y de haber escuchado comentarios como “ah, pero tú no quieres a tu mamá”. Puedo decir sin dudar que sí amas a tu mamá, o la amaste si ya no está contigo. Es difícil no amarla, después de todo hay una lista larga de recuerdos gratos y situaciones agradables que incluyen a tu mamá como protagonista. En ti existe la capacidad genuina de amar a tus padres, y tomaste la decisión de hacerlo, sin importar qué. No se trata de si amas o no a mami, es obvio que deseas ayudarla, cuidarla y protegerla hasta el final de sus días o hasta que mejore su situación actual. El amor está ahí, pero parece “disuelto” o “mezclado” con muchos otros sentimientos que también tienen derecho a estar presentes y no tienen nada malo en ser expresados. Por el contrario, al exponerlos a la luz dará lugar a “organizar” el sentimiento del amor, no sólo hacia mami, también hacia tu persona y hacia aquellos que son muy importantes en tu vida.
Poco nos sirve tratar de descubrir los verdaderos sentimientos de mami. Como quiera que planteemos la situación ella siempre se encontrará en un lugar de desventaja por ser la persona que necesita de ti. Sin embargo, a través del tiempo posiblemente se desarrollarán situaciones especiales que propiciarán el descubrimiento de sentimientos que nunca imaginarías que estuvieran presentes en tu mamá o en ti. ¿El resultado?, muy positivos cuando tomes el control de tus sentimientos después de aceptarlos y entenderlos.
Comienza una revolución que al final resulta fascinante
La llegada de mami a tu vida es indispensable para tu crecimiento como persona. Esto se cumple si sigues los pasos adecuados hacia el éxito de esta encomienda. No existe un patrón genérico para la humanidad, cada experiencia es única y específica para cada hijo o hija que le haya tocado vivir esta experiencia. No obstante, el compartir el testimonio produce un efecto “sobrenatural” en la vida del otro, se aprende información que sólo puede compartirse de esta manera: de tú a tú. Las vivencias tuyas son indispensables en la salud emocional de otra persona en una situación parecida. Sólo un ex adicto podrá entender a otro en la drogadicción. Cuando ocurre esta empatía, se producen cambios en ambas direcciones y la vida no continua igual para ninguno de los dos. Se activa el proceso de la salud.
Se trata de ti todo el tiempoEn realidad eres tú la persona más importante de la relación mami-yo. La persona que tomará muchas decisiones de vida o muerte para mami eres tú. Tú escucharás a los familiares, vecinos y amigos de tu mamá contarte lo buena que es ella y lo privilegiada que es por tener un hijo o hija como tú. Tú te levantarás a las 2 de la madrugada para hacerle el primer turno a mami para que haga el número uno en la lista de pacientes y después puedas ir a trabajar. A ti te llamará el médico o los médicos para darte las instrucciones, pedirte los resultados, cobrarte o regañarte porque mami no ha cumplido con alguna orden. Tú recogerás temblando los resultados del CT Scan, el MRI, las radiografías de pecho, las mamografías, el PET Scan o los laboratorios de sangre y orina, rogándole a Dios que estén negativo. Si conoces algo de medicina leerás los resultados y llorarás de alegría si están bien y sufrirás de angustia si no es tan bueno el panorama. A ti te tocará decirle a mami el diagnóstico médico o te tocará guardarte las malas noticias por no verla sufrir.
Buscarás desesperado o desesperada la capilla del hospital para llorar y pedirle a Dios dirección cuando no sepas que hacer. Llevarás de la mano a mami para sus citas y si tiene alguna enfermedad grave, la verás deteriorarse al pasar el tiempo. Le llevarás las pertenencias cuando pase a sala de operaciones y le orarás antes de entrar diciéndole que todo va a salir bien. Esperarás en una silla por horas, solo o sola hasta que ella llegue a la habitación y serás el primero o el único en visitarla después de la intervención quirúrgica. Tú y solo tú soportarás el bombardeo de llamadas de familiares para saber el estado de mami y tú, cansada o cansado, sin haber comido o descansado por muchas horas balbucearás algunas palabras sin deseos. Nadie preguntará si tienes hambre o sueño, sólo pelearán por no haberles comunicado con tiempo que mami estaba en el hospital.
Eres tú quien pondrá tus sueños y planes en paréntesis indefinido, y eres tú quien soportará la madre difícil.
Quizás no sea el escenario descrito necesariamente el tuyo. Tal vez tu mami necesita vivir contigo porque está olvidando las cosas, o falleció tu papi y mami ha quedado repentinamente sola e insiste en vivir en su casa de siempre, o insiste en vivir contigo. Quizás ninguna de las anteriores aplica. Tu mami vive sola o acompañada, pero te toca llevarla a las citas médicas, al supermercado a hacer la compra o te sientes tan culpable que la llevas contigo a pasear ……………….
No sólo eso
Y la pasas horrible. Es la mami que tiene un comentario para todo, o es muy supersticiosa o negativa……Cada vez que estas con mami tienen una fricción, discuten con facilidad y lloras al despedirte. A lo mejor no te despides, tiras la puerta después de gritarle y lloras todo el camino de vuelta a tu casa con sentimientos de culpa. No la llamas pero no puedes dormir. Te desvelas pensando si ella está bien o no. Al día siguiente no la llamas, pero sigues pensando si se tomó los medicamentos, o desayunó.
Tu esposo o esposa te dirá que no aguanta a tu madre y que no la quiere en tu casa. Él o ella te dirá que si tu mamá entra por una puerta, él o ella sale por la otra. Cuando consigues por fin a alguien quien la cuide, ella le busca mil defectos o hace que se vaya, te dice que no le hace falta.
Aprovecha la experiencia
Tú eres el/la que necesita la ayuda, el apoyo. La única persona que puede encontrar el alivio y los momentos de paz eres tú. Descubrirás que no se trata de la vejez o de la enfermedad de mami, sino de asuntos que discutir y cuentas viejas que saldar. Se trata de aumentar la autoestima y de reforzar tus cualidades. Te verás en el espejo de mami y no querrás emular sus defectos pero sí notarás que tienen muchas virtudes en común, te toca a ti descubrirlo. Al fin de cuentas nadie puede enjuiciarte justamente porque no están dentro de ti, y es imposible contar en 10 minutos la historia de 20 o 30 años. Es el momento de sanar las heridas del pasado, entender los comportamientos de mami, y de perdonar. Es hora de entenderte, cuidarte y sentir paz.
Mi mami ya no está conmigo, hace algo más de un año que se fue. Su casa sigue intacta…..aún guarda su olor. Por alguna razón decidí comprarla y adquirirla. Pocas veces entro y paseo por sus habitaciones como muchas veces hice cuando mami estaba en el hospital, o con mi hermana, o en otro lugar….y aún lloro con nostalgia nuestra tormentosa relación. Recién ella murió fui buscando contestación a las preguntas que nunca se hicieron cuando ella estaba de frente. Quise descubrir los secretos que guardaba mami en lo íntimo de su ser, y comencé a rebuscar sus cosas con mucho cuidado. Allí, en una vieja cajita de chucherías descubrí con asombro un CD de música que a mí me encanta, de mi artista preferida y jamás supe que ella lo tenía.
Entonces realicé que son muchas las cosas que tengo en común con ella, y eso me hizo sentir bien. Después de todo no estábamos tan lejos una de la otra.
Es el momento
Te invito a reunirnos. A compartir las experiencias y ofrecerte alternativas. Tengo organizada una reunión que puede ser el comienzo del apoyo que necesitas para continuar el camino sin una carga innecesaria – y para construir un puente sólido entre las generaciones. No importa si estas pasando por el proceso o si ya tu mami no está contigo. Tal vez no eres tú pero conoces a alguien muy cercano que está pasando por esto, o simplemente quieres aprender a ayudar a personas en esta situación. Es una excelente oportunidad para comenzar, no la dejes perder.
Llámame al 787-201-1771 ó escríbeme a noemi@wo-health.com para darte los detalles.
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